martes, 4 de octubre de 2011


Existen hombres, entre los que me incluyo, que durante toda su infancia, para su cumpleaños, pedían de regalo una caña de pescar y un reel. E incluso hoy, de grandes, siguen deseando en el fondo de sus corazones el mismo regalo.
Y hay una pregunta que la mayoría de ellos se hizo alguna vez: ¿Qué es la pesca?

La respuesta, que siempre parece "quedarse corta", sigue siendo la misma: un mundo fascinante inventado por los hombres y que sólo entendemos aquellos que formamos parte de él... el resto no entiende nuestra pasión y fanatismo.

Un pescador es un tipo de hombre que todavía sigue maravillado por la sensación de no saber qué es lo que hay debajo del agua, sea un mar, un río, un lago o un pequeño arroyo.

Y a pesar de que pasan los años y cada vez son menos las cosas que nos sorprenden, esta es una sensación que sigue intacta entre los miles de pescadores que todos los fines de semana del año se acercan a cualquier espejo de agua del país para ver qué hay debajo de sus aguas. Un pescador es un romántico que está enamorado de la naturaleza.

Algunos dicen que pescador se nace y es cierto, pero también he conocido hombres a quienes la vida ha hecho pescadores, y también son muy buenos.

La pesca ha logrado mantener desde sus orígenes su espíritu intacto. En un mundo donde la tecnología y la ciencia explican todo y desencantan los misterios del mundo, la pesca sigue religiosamente siendo un secreto.

Sus preparativos, lenguaje, ideales y fracasos, son sus códigos fundamentales. La pesca es, al igual que la vida, una gran ilusión, donde el ideal del gran pez o big fish -que en algún lugar nos está esperando- es el motor fundamental. Aunque pueda o no hacerse realidad, nos mantiene vivos, y nos da ganas de seguir pescando, de seguir viviendo...